TIEMPO DE VIDA

Parece ser una forma de vida impuesta desde que nacemos, vivir esperando el mañana. Vivir simplemente persiguiendo el futuro.

Desde el momento en el que nacemos, nuestros padres esperan que crezcamos y que podamos andar solos, comer solos, ir a la escuela…Después nosotros mismos esperamos que llegue el viernes para disfrutar del fin de semana, pasamos el curso escolar mirando al calendario, tachando los días para que lleguen las vacaciones. Tras los estudios, buscamos un trabajo para poder comprar todo aquello que los medios nos dicen que son necesarios para ser felices. Invertimos mucho tiempo de vida en conseguir esas cosas que son “imprescinbibles” para nuestra felicidad…pero curiosamente nunca llegamos al punto de sentir esa paz, esa felicidad. Siempre nos falta algo.

Siempre mirando hacia el futuro para poder estar bien, para poder sentirnos felices. Sin darnos cuenta los días pasan, días de nuestra vida que jamás regresarán. Hay un cuento de Bucay que me gusta muchísimo y que refleja de forma muy sencilla la idea que hoy os quiero transmitir:

“ Había una vez un hombre que estaba decidido a disfrutar de la vida. Él creía que para eso debía tenerse suficiente dinero. Había pensado que no existe el verdadero placer mientras éste deba ser interrumpido por el indeseable hecho de tener que dedicarse a ganar dinero.

Pensó, ya que era tan ordenado, que debía dividir su vida para no distraerse en ninguno de los dos procesos: primero ganaría dinero y luego disfrutaría de los placeres de que deseara. Evaluó que un millón de dólares sería suficiente para vivir toda la vida tranquilo. El hombre dedicó todo su esfuerzo a producir y acumular riquezas. Durante años, cada viernes abría su libro de cuentas y sumaba sus bienes.

- Cuando llegue al millón – se dijo – no trabajaré más. Será el momento del goce y la diversión. No debo permitir que me pase lo de otros – se repetía -, que al llegar al primer millón empiezan a querer otro más.

Y fiel a su duda hizo un enorme cartel que colgó en la pared: solamente UN millón.

Pasaron los años. El hombre sumaba y juntaba. Cada vez estaba más cerca. Se relamía anticipando el placer que esperaba. Un viernes se sorprendió de sus propios números: La suma daba 999.999,75. ¡Faltaban 25 centavos para el millón! Casi con desesperación empezó a buscar en cada chaqueta, en cada pantalón, en cada cajón las monedas que faltaban…No quería tener que aguantar una semana más.

En el último cajón de un armario encontró finalmente los 25 centavos deseados. Se sentó en su escritorio y escribió en números enormes: 1.000.000.

Satisfecho, cerró sus libros, miró el cartel y se dijo:

- Solamente uno. Ahora a disfrutar…

En ese momento sonó la puerta. El hombre no esperaba a nadie. Sorprendido, fue a abrir. Una mujer vestida de negro con una hoz en la mano le dijo:

- Es tu hora

La muerte había llegado.

- No… - balbuceó el hombre – Todavía no… No estoy preparado

- Es tu hora – repitió La muerte.

- Es que yo… El dinero … El placer…

- Lo siento es tu hora

- Por favor, dame, aunque sea un año más, yo postergué todo esperando este momento, por favor

- Lo lamento – dijo La muerte

- Hagamos un trato – propuso desesperado - : yo he conseguido juntar un millón de dólares, llévate la mitad y dame un año más. ¿Si?

- No

- Por favor. Llévate 750.000 y dame un mes…

- No hay trato

- 900.000 por una semana

- No hay trato

- Hagamos una cosa. Llévatelo todo, pero dame, aunque sea un día. Tengo tantas cosas por hacer, tanta gente a la que ver, he postergado tantas palabras… por favor.

- Es tu hora – repitió La muerte, implacable.

El hombre bajó el cabeza resignado.

- ¿Tengo unos minutos más? - preguntó

La muerte miró unos pocos granos de arena en su reloj y le dijo que si

El hombre tomó su pluma, un papel de su escritorio y escribió: Lector, quienquiera que seas. Yo no pude comprar un día de mi vida con todo mi dinero. Cuidado con lo que haces con tu tiempo. Es tu mayor fortuna “

Toma unos minutos para reflexionar en que inviertes tu tiempo CADA DÍA, respira hondo y pregúntate si has vivido esta última semana, o simplemente ha pasado esperando a que llegara viernes….

Seamos conscientes de que nuestro tiempo es finito, y que la vida solo nos pide disfrutar de ella. Al fin y al cabo, solo vivimos una vez, y el momento siempre es AHORA.

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Maria Zunzunegi

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